Nunca he contemplado el día en que te fueras a vivir a otra parte, ni siquiera imaginaba cómo sería el momento. No estaba mal viviendo el presente.
De repente me das la noticia con mucha alegría: te marchas.
Me alegro tanto por ti y me entristezco tanto porque no nos vamos a ver tanto como hasta ahora.
Nuestros gustos, formas de ver la vida, comportamiento, hobbies... tan comunes que sorprendían. Al principio no me creía que me tuvieras en tan alta estima, lo veía mágico. Me llevaba tan bien contigo que el hecho e que pensaras así de mi era muy reconfortante.
Así empezó una amistad que jamás ha decaído.
Me has hecho fuerte, me has dado una filosofía que nadie me ha dado y, sobre todo, un amor incondicional por la lectura y el jazz. Sinceramente, cada día que nos veíamos tenías un modo de sorprenderme: una historia, un relato, un estilo musical, una cantante, un suceso... Quizás no te hayas dado cuenta, pero quedar contigo era increíble. Como un niño atendiendo las increíbles historias de alguien que ha vivido mil aventuras.
Te vas, pero no vuelvas, aquí no vas a volar.
