20170313

¿Café?

Hablaron largo y tendido aquella noche. No estaban solos, habían quedado con los amigos comunes, pero solo tenían interés por ponerse al día el uno al otro sin dar oportunidad siquiera a segundos de silencio. Las frases se encadenaban solas, las ideas brotaban sin pausa.
Se habían echado de menos.
El tiempo no enlenteció y ellos no repararon en ello, pero se acercaba la despedida. Se despedían de los demás y entre ellos intentaban alejar ese momento.
Álvaro vivía bastante lejos lejos, Adriana tenía coche, así que (encantada, como otras veces) se ofreció a llevarle a casa.
Adri tenía soltura conduciendo, pero condujo más lento achacándolo al cansancio común que aborda a las 2:30 a.m. No estaba cansada. No ese día. Estaba deseando que la noche jamás terminase.
Durante el trayecto los temas de conversación no disminuyeron, por lo que al llegar a la puerta de la casa de Álvaro siguieron hablando como si el coche no hubiera llegado a destino, como si las despedidas no fueran para ellos. Rieron, cantaron y hablaron durante más de una hora.
Un coche que pasaba por la misma calle en ese momento les trajo a ambos de vuelta a la realidad, a la repentina e indeseada realidad. Debían despedirse y estaban alargando lo inevitable.
Siguiendo el tema de conversación de entonces (comida, dietas y el hambre que les ocasionaba a ambos hablar de ello a esas horas de la noche), Álvaro le propuso entrar a su casa a tomar café y hablar más cómodamente mientras comían un primer desayuno para seguir hablando. Incluso con total naturalidad le propuso a Adri que se quedase a dormir pasa que no condujese de vuelta a casa de madrugada.



Tenía mucha hambre y las ganas de seguir hablando con él no eran menores. Aparcó bien el coche junto a la acera, salieron y cerró el coche. 
La brisa fue suave toda la jornada, pero entonces se había levantado el viento y el tiempo no invitaba a estar fuera.
Entraron en silencio en casa y cerraron la puerta tras de sí. Fueron a la cocina y empezaron a saquear la nevera. Prepararon un desayuno típico de ningún sitio. Tomaban ingredientes cualesquiera y los juntaban a modo de plato contemporáneo. Todo les resultaba delicioso bien por el hambre o por el éxtasis del momento. Cuando hubieron tomado lo suficiente, recogieron y limpiaron y ordenaron.
Adri aceptó la invitación de quedarse a pasar la noche, por lo que lo siguiente a hacer aquella noche era preparar su sitio para dormir. Álvaro fue a buscar cojines y sábanas para poder hacer del sofá de su cuarto un buen lugar donde descansar.
Mientras la ausencia de Álvaro, Adri le esperó sentada en los pies de la cama y entró en sus pensamientos, lo que le llevó a pensar en sus emociones y sentimientos. Llegó, dentro de su cabeza, a un callejón sin salida. No podía pensar en otra cosa.

<<Adri. Adri. Adri. Adri. Adri.>>

Era lo único que se repetía.
Sus pensamientos comenzaron a fluctuar violentamente: 
<<Adri (es un amigo, ¿qué estoy haciendo? Nada, solo vais a dormir. Él aquí y yo ahí>>. 
<<Adri (no seas tonta, nadie invita a un café de madrugada. Desea lo mismo que tú)>>. 
<<Adri (es muy hospitalario, es su forma de comportarse y tú lo estás sacando de contexto)>>. 
<<Adri (¿por qué no lo intentas? Lo mismo esta podría ser la noche que más has esperado en tu vida. Aunque jamás te has planteado una noche de sexo con él. Qué contradictorio)>>.
<<Adri (calma. Respira. Viene)>>.

El corazón le golpeaba estrepitosamente el pecho y notaba los latidos en la laringe. Tragó saliva y sonrió. Se ofreció a ayudarle a hacer el sofá y el tono de la voz le desafinó graciosamente a causa de los nervios creados por sus pensamientos.
Álvaro volvió con los bártulos para montar el lugar donde dormir mientras que con un gesto le indicó que se sentase de nuevo, despreocupándola.
Al acabar arreglar el sofá, él se sentó junto a ella a los pies de la cama y continuaron hablando. Esta vez en el ambiente predominaba una sensación extraña. Como si ya no hubiera tema interesante del que hablar, como si de repente el estómago estuviera vacío, como si analizar el organigrama pegado a la pared fuera necesario. Como si no pasara nada. Sin embargo, sus mentes estaban absortas y en el ambiente podía palparse la incertidumbre característica de dos personas que no se atrevían a dar rienda suelta a sus sentimientos.
Silencio.
Tras dos largos minutos, Álvaro le pidió un abrazo a Adri con tono alegre agradeciéndole que le hubiera acercado a casa. Era como un abrazo entre hermanos los primeros diez segundos, balanceando sus cuerpos de izquierda a derecha para intensificar el gesto. Tras esos diez segundos el balanceo dejó de ser tan marcado y se convirtió en un abrazo pausado, como un lamento. Parecía que estuvieran disculpándose de algo de lo que los dos tuvieran culpa pero ninguno se atrevía a pronunciar.
Tres minutos después, cuando ambos estaban a punto de ceder sus mentes al descanso del sueño, sin dejar de abrazarse comenzaron a acariciarse las espaldas lentamente, con un cariño apreciable para cualquier espectador. Ambos convirtieron las caricias en tiernas rasgaduras buscando, sin saber qué, algo en la espalda del otro. Ambos levantaron una de sus manos hacia la nuca del otro y sendas manos comenzaron a juguetear religando los dedos entre los mechones, sintiendo con exagerada suavidad cómo las yemas se deslizaban por el cuero cabelludo.  Ninguno sabría decir quién comenzó con aquellos gestos, fue algo natural y simultáneo.
Levemente disminuyó la presión ejercida por ambos en aquel efusivo abrazo. Fue tan leve que la separación entre ambos los dejó unidos por las mejillas pero sin dejar de abrazarse.
Adri exhaló serena pero ruidosa por la nariz con los ojos cerrados.
Álvaro sonrió dulcemente con los ojos entreabiertos mirando al suelo.
Se separaron un poco más y se miraron con poco detenimiento los ojos, pues en algo parecido a un impulso sus labios se juntaron y comenzaron a coordinar la respiración.



Tenía mucha hambre y las ganas de seguir hablando con él no eran menores. Llegaba l ahora de despedirse tras casi más de una hora hablando en el coche. Arrancó, se despidieron con un largo, emotivo y silencioso abrazo. Álvaro salió, cerró el coche. Volvió a despedirse y entró en casa.
Adri metió soltó el freno y el coche empezó a moverse hacia delante por la inercia de la cuesta. No quería meter primera. No quería irse, pero ya lo estaba haciendo.
No fue consciente de la conducción hasta volver a casa. Su mente no paraba de pensar en lo que podría haber ocurrido. Mientras miraba a la carretera sus lágrimas descendían por su cara. Lo que más lamentaba era que iba a tardar meses en volver a verle, pero lo que aún no sabía es que movería cielo y tierra para verle antes. Condujo muy lenta. Tras media hora, cuando volvió a ser consciente de qué estaba haciendo, se encontraba en la cocina de su casa tomado un ligero desayuno antes de ir a dormir. Miró el móvil y Álvaro le estaba contando el desayuno tan variado que se estaba preparando con lo que había encontrado en la nevera, dándole a entender que habría habido de sobra para ambos.

20170301

Pureza

Dormir en tu pecho
Leer apoyada en tu torso
Bajo el calor de tus brazos
Sintiendo el calor de tu respiración
Protagonista de un velero que surca el movimiento de las aguas calmadas de tus inspiraciones y espiraciones
Notar la suavidad de tus manos acariciando mi piel, mi pelo

Partícipe de un fin común: disfrutarnos en silencio

Ruptura de silencio ocasionada por cambiar de página.
Nada más


A día de hoy esto no será posible, pues cada tiempo contigo quiero contarte y que me cuentes. Actualizar al otro.
Más adelante, cuando una convivencia sea posible, cuando tengamos el gran placer de disfrutar el silencio común, de conocernos sin palabras, sin gestos, solo miradas si cabe.


Cerrar los ojos y oler tu fragancia natural, impregnada y fácil de hallar en tus telas. Ahora en directo, sin prisa.

Dormir junto a ti, notando tu presencia, tocándonos con los piés y entrelazándolos. Que se escape después algún abrazo.

Sonreir y sentir paz.