20181104

Querido pastor:

DÍA 1

Querido pastor:

Esta noche has perdido a tus ovejas.
No sabes qué ha ocurrido. Quizás un lobo vino y se las llevó.
Es tan solo una hipótesis, la más válida acaso, pues no contemplas que hayan sido ellas las que desearan abandonarte.
¿Cómo iba a ser? ¿Cómo ibas tú a contemplar tal circunstancia? Nunca te has parado a pensar en ellas. Si por tan solo te hubieras detenido en prestar atención, en escuchar sus deseos y necesidades, igual seguirían junto a ti.

Pero ha amanecido y no están.

Sal. Sal  a comprobarlo. Mira a tus alrededores. Ve al cobertizo. Echa un vistazo al jardín trasero. Nada, ¿cierto? No hay signos de huida, no ves sangre, no ves restos de lo que pueda ocasionar una estampida.

Ahora, ahora estás sopesando la posibilidad de un abandono. Sigue, sigue pensando eso, te acercas a la verdad.

La verdad es cruel, sí, ya lo ves.

¿Cómo iban a darte de lado a ti, oh, gran pastor, que tanto amas y cuidas de tu rebaño?
¿Cómo ibas a darte cuenta de que estabas jugando con cada una de ellas?
¿Cómo ibas a percatarte de que con ninguna te comportabas debidamente?

¿A quién vas a pastorear ahora?





DÍA 8

Querido pastor:

Una de tus ovejas ha vuelto, sin heridas. Sana.
Parece que sin rencores, parece que con esperanzas al cambio.
Pastor, escúchala, atiéndela ahora que tienes otra oportunidad.
No, no vayas a comprobar si ha venido también el resto, dedícate a la que ha llegado, que no se vaya. Si lo haces debidamente, las demás volverán, no temas. Mírala, ¿qué te pide?

La noche cae, es hora de dormir. Retiraste el recinto donde habitaban sin esperanzas de regreso. Sorpresa, ¿eh?





DÍA 12

Querido pastor:

No hay quien te comprenda.
Ansías tanto la llegada de las demás que no valoras la fidelidad de la que te acompaña ahora.
Focalízate en lo que posees y no en lo que perdiste en el pasado. ¿No ves que ya de nada te sirve?
No hay noticias de las demás, nadie las vio marchar. Pero aún te queda algo a lo que aferrarte de lo que amabas antaño.

20180320

Relajado

  Salgo, me relajo. No pienso en nada. Solo ando, ni si quiera miro el teléfono; no pienso en él.
  Una calada mientras camino.
  Observo mi alrededor y hay objetos que nunca he visto, detalles que nunca he apreciado, señales del paso del tiempo en viejas verjas y fachadas. Voces de alegría a mi alrededor, voces, pasos.
  Voy a dar otra calada. Miro el filtro, mis dedos: hay carmín en ellos, pero los labios seguramente continúen impecables. "El filtro es demasiado corto" como primer pensamiento interno verbal.

  Permanezco en este comportamiento relajado varios días ante diferentes actividades. Demasiado, quizás. Sin embargo, es algo que añoraba sin saberlo. Hacía tiempo que no tenía tiempo.
  En esta ocasión ha bastado con abrir los sentidos al exterior, lo que me ha permitido ver en mi interior y recordar mis deseos más intensos, en cierto modo.

20180205

Sueño

Hoy te he soñado.

Iba a verte, de manera totalmente inesperada, para sorprenderte. Iba a tu casa.
Comienza como una mirada de una tercera persona tras de mi. Me veo a mi misma acercándome a la puerta de un piso de ladrillos. Estrecho y alto. Más semejante a una torre que al bloque que conozco. En medio de un bosque nevado, pero apenas aprecio los alrededores. Ya lo descubriría más tarde, en ese momento no era de mi interés. Me acerco a este edificio desconocido para mi consciencia, pero conocido por mi yo del sueño. Me acerco a la puerta con miedo, nerviosa, insegura. De repente veo tras el cristal translúcido tu silueta. Más clara y nítida conforme te acercas a abrir desde el otro lado para salir. Casualidad total. Mi corazón late con fuerza y de repente se para cuando te veo nítido, sin cristal de por medio. Doy varios pasos para atrás para observarte mejor. Sonríes y sales con una persona a tu lado. Una chica que no reconozco, pero mi yo del sueño me dice que sales con ella.
Sin mediar palabras te acercas a mi y me das un largo y sentido abrazo que me pilla por sorpresa. Te retiras, sin yo quererlo y me sonríes. Pero no de cualquier manera. Era una sonrisa lateralizada. Una sonrisa de alguien que pide perdón. Desvías la mirada a tus pies y te retiras lentamente. De repente esa chica hace lo mismo que tu, pero la retiro en seguida.
Te miro.
Te alejas con ella.
Te llamo.
Te giras, me miras.
Mientras camináis hacia otra dirección la abrazas por encima del hombro, me dices algo en otro idioma y te ríes. Pero te ríes con burla y vacilante.




Me despierto




Siento vacío, extrañeza y dolor.
Realmente, temo eso: perderte.
Temo esa burla final de "ya nada importa".



Temo perderte y perder lo que un día fuimos.




20180129

Well

Quizá lo que quiero es alguien que me rompa los esquemas, que me haga descubrir lo que hay más allá de mi zona de confort, que me conmueva, que haga que explore, que me redescrubra.

Volver a sentir que no sé nada y que lo sé todo como cuando somos niños. Que me haga dudar de mis propios deseos porque me muestre un camino con más aventuras que las que ahora vivo.

Una persona diferente a mi, pero muy parecida. Tan parecida que que asuste. Que incluso rompa los esquemas de aquellos que miran. Que la sorpresa sea continua para todos.

20180110

Te quiero. Pero no quieres

Ella me habla, sobre todo, por las noches, cuando más la necesito, de hecho.
A veces pienso que es porque me echa de menos a esas horas. Otras, porque simplemente se aburre. Se aburre, pero se acuerda de mi.
Intento no responderla al momento, no quiero asustarla, pues no la veo por mi. Pero no tardo, no quiero que se vaya, así que no me deriva mucho responder.
No sabe lo que me alegra que me hable. No se lo imagina. Ella es tan feliz. Tan pura. Tiene lo que me falta. Ojalá pudiera enseñarme a ser como ella.

Me siento tan raro. Nunca he sido así. Nunca he sentido algo así por nadie. He estado con más chicas. Muchas. Demasiadas. Pero ninguna me ha hecho sentir que la necesito para estar mejor. No quiero usarla para un momento. Quiero poder tenerla a cada instante. Quiero que venga a verme y ir a verla siempre que se pueda.

Y quiero no estar así por ella.

Ella no está por mi. Creo que me desea, pero no me quiere. ¿Me habrá deseado realmente alguna vez?

Ay, si pudiera estar contigo ahora.

Quiero. Pero no te quiero

¿Has visto alguna vez a un árbol crecer?
¿Desde el momento en que sale de la tierra hasta que se ve vigoroso y alegre?
¿Y desde el momento en que la semilla eclosiona y aparece a través, tímida, la primera señal de vida?


Seguramente no, ¿cierto? Sin embargo, ahí tienes a este ser ante ti: frondoso y fuerte.

No vi el día en que uno de los dos plantamos esa semilla. 
Tú me la recordaste. Tú. Como quien lo hace sin intención. De ese mismo modo que lo hiciste vi un atisbo de felicidad en ti a través de ese recuerdo. Aprecié incluso melancolía.
Oh, dios, melancolía no. ¿No? No lo sé.
Me sorprendió tanto oírte recordar con tanta precisión el día y el por qué nos cruzamos. Me sorprendió más tu cara, tu felicidad, tu sonrisa.

Pasamos largos años conociéndonos sin vernos. Los primeros los recuerdo aún. Hablábamos a diario y creo que me gustabas. Pero solo eras una ilusión. Cuánto tiempo pasó así no lo sé. Igual que tampoco sé cómo de repente todo cesó. No recuerdo nada, pero creo que tú sí lo sabrías.

Últimamente me estás sorprendiendo y no quiero. No quiero que te fijes en mi. Por favor, para si es así.

Lo que sí recuerdo fue lo que sentí cuando nos vimos por primera vez no hace tanto. 
Recuerdo ir a buscarte a la estación con un hormigueo en el vientre inexplicable. "Son los nervios de verle por primera vez".

Recuerdo sentarme en el banco a esperarte mientras te escribía: "no te preocupes, me verás" continuamente. ¿Tú también estabas con ese hormigueo?
Recuerdo ver aparecer el autobús.
Recuerdo cómo aumentó el hormigueo.
Recuerdo cómo empezó a correr un frío desde lo más adentro de mi cuerpo hacia fuera y empezar a temblar en pleno verano.
Recuerdo cómo el bus aún no había parado y ya te estaba imaginando bajar por la puerta.
Recuerdo cómo por fin paró y te imaginé cogiendo la maleta del maletero.
Recuerdo cómo se abrieron las puertas y salieron varias personas.
No recuerdo cuántas fueron.
Recuerdo ese momento con ansia por verte ser el siguiente salir.
Recuerdo verte al fin.
Recuerdo ver tu rostro buscándome a tu derecha.
Recuerdo una fuerte presión en mi interior al ser consciente de que eras tú.
Recuerdo ver tu rostro buscándome a tu izquierda.
Recuerdo ver tu rostro encontrándome.
Recuerdo cómo fui hacia ti, como despreocupada.
Recuerdo cómo tu sonrisa se hacía cada vez mayor conforme nos acercábamos.
Recuerdo abrazarte.
Te recuerdo levantándome del suelo con un abrazo y zarandeándome como querías.
Recuerdo que me pegaste a ti demasiado.

No recuerdo lo siguiente que hablamos pero sé que no le dimos oportunidad al silencio.

Sin quererlo llegó la hora de que me marchara, pero no quería irme. En ese momento sentí un impulso natural a besarte, como si fuera un ritual de todos los días. Tuve que controlarme, porque iba a hacerlo.

Y nos despedimos.

Durante el camino de vuelta solo podía pensar en el por qué de esta última sensación.


Un día encartó y te volví a ver. Misma alegría esta vez en un bar. Me presentaste a tus amigas y te presenté a mis amigos.  Recuerdo tu olor a cerveza de llevar horas bebiendo. Yo tomé dos. Dos que me hicieron un efecto que nunca me había hecho la cerveza. Volvimos juntos a casa, recordando algunas de nuestras conversaciones, pero, sobre todo, poniéndonos al día. Llegamos a casa y recuerdo que lo pasamos muy bien juntos. Hacía tanto que lo no pasaba así de bien con alguien que casi lo había olvidado. Me sentía cómoda, contenta, feliz y libre. No actuaba con timidez, no me sentía vigilada, no me sentía observada, no me sentía culpable, no me sentía nada mal. No había por qué, pues no había nada malo en lo que había ocurrido. Solo una cosa era raro para mi en todo ello: no te quería. No sentía nada por ti. Ni siquiera compartíamos gustos, ni aficiones ni estilo de vida. Nada. Bueno, sabíamos divertirnos juntos. Desde luego que supimos.
Recuerdo ahora algo malo de aquello. Recuerdo no actuar diferente respecto a aquello al igual que te recuerdo sorprendido por mi actuación. Recuerdo verte esperar de mi un gesto de cariño hacia ti. Y no lo tuviste. Lo sé. Lo siento y no lo siento. Pero es que no te quería ni te quiero. Sentí en ese momento un malestar en mi interior. No quería sentir que te hacía daño. Quería que estuvieras bien, contento por haber disfrutado juntos. Pero nada más. Recuerdo que dijiste que esa era la ventaja de la soltería. Pero, ¿querías?

Ojalá pudiera saber si solo fueron imaginaciones mías.


De aquel día ya llovió. Aún hoy creo ver en tu cara la esperanza que alguna vez yo he albergado en otras situaciones.
Ojalá pudiera ayudarte, de verdad, porque quiero, pero es que no te quiero.

20180109

En tus manos

Búscame y me tendrás.
No me busques y me perderás.

Esa es la decisión que tomaré, pues ya no quiero buscarte más, no. No quiero buscarte ni quiero estar rezándole a la diosa del "ojalá" para que aparezcas ante mi inesperadamente como otras veces ha ocurrido.
Ya no.
No quiero más falsas esperanzas albergando aletargadas en mi interior con sentimiento de ilusión perenne.
No. No cuando no veo recíproca la actitud que hasta hora he tenido. Ya no me importa si existe un sentimiento común que flota en el ambiente.

No te lo mereces, cariño.

Pierdes el derecho a mi perpetuo interés por verte mientras araño los segundos del reloj.
De hecho, ¿no lo has visto? Esta vez no solo no te he buscado, sino que he dejado que seas tú el que tome las riendas de mi tiempo. Lo único que hice fue darte mi tiempo, todo el que tengo y más. La opción a que abras la boca y me tengas ante ti. A que pidas mi presencia y tengas todo o que necesites. Lo sabes, ¿verdad? Claro, claro que lo sabes. Ni una sola vez he querido decírtelo... pero me puede.

Hoy recuerdo los largos abrazos que tanto nos dimos. Hoy se pierden los besos que nunca los dimos.

Siento producir estos pensamientos igual que siento no haber sido más clara antes.
¿Y tú? ¿No sientes tú no haber sido claro nunca?
Porque, perdóname si te molesta, pero no lo has sido. Eres un gran amigo, un hermano, un compañero excepcional, pero no eres claro. Eres especialista en no serlo entre nosotros.

En alguna ocasión ya te expuse mis cartas y tú no las jugaste. ¿Qué más puedo hacer? Nada. Solo no jugar contigo. Solo quiero que te quede una cosa clara:

Búscame y me tendrás.
No me busques y me perderás.