Salgo, me relajo. No pienso en nada. Solo ando, ni si quiera miro el teléfono; no pienso en él.
Una calada mientras camino.
Observo mi alrededor y hay objetos que nunca he visto, detalles que nunca he apreciado, señales del paso del tiempo en viejas verjas y fachadas. Voces de alegría a mi alrededor, voces, pasos.
Voy a dar otra calada. Miro el filtro, mis dedos: hay carmín en ellos, pero los labios seguramente continúen impecables. "El filtro es demasiado corto" como primer pensamiento interno verbal.
Permanezco en este comportamiento relajado varios días ante diferentes actividades. Demasiado, quizás. Sin embargo, es algo que añoraba sin saberlo. Hacía tiempo que no tenía tiempo.
En esta ocasión ha bastado con abrir los sentidos al exterior, lo que me ha permitido ver en mi interior y recordar mis deseos más intensos, en cierto modo.
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